No se puede en igualdad mezclar churras y merinas, nada tiene que ver la igualdad en la filosofía de ley integral contra la violencia llamada de “género”, con la igualdad entorno a la cuota de la mujer en el sector empresarial, o en el mundo del trabajo; esta igualdad, no necesita ni preámbulos ni propagandas, ni imposiciones, ni techos de logro vistas al caudal electoral, es cuestión que debería estar solucionada, al igual que la otra, la de “género”; pero no deben ni mezclarse ni confundirse; es decir, el tratamiento en términos de igualdad social no pueden ni deben enmarcarse en el mismo cuadro igualdades referidas a equiparaciones absolutamente diferentes en fondo y en forma. Ni el hombre tiene que marcarse metas en luchar contra machismo, ni se puede ni debe magnificar el machismo entre igualdades de corte socio-laboral, con las oleadas de los parámetros de igualdad en términos mal-llamados de género y, por ende, en cuestiones de vinculación con episodios condenables y repudiables de violencia contra la mujer. Cualquier gesto de violencia -sin dramatismos exagerados-, crea rechazo contra el sector o grupo social que lo produce y consternación y compasión sobre el sector o grupo social que lo padece. Esto es así desde que la sociedad es sociedad, el mundo es mundo, la humanidad es humanidad y la civilización es civilización. La violencia es repugnante, aborrecible y condenable provenga de donde provenga, sin lugar a diferenciaciones ni por cuestiones de género, ni por ninguna otra condición social o personal; la violencia, es obvio, es la más baja manifestación de la racionalidad y la inteligencia humana. Pero dicho lo anterior, hacer un drama extremo llevando a límites de exceso el machismo del hombre, obviando, o, sin mencionar o haciéndolo ocasionalmente y en muy contadas ocasiones el machismo de la mujer, que también se produce, como que no es un proceder correcto dentro de las acotaciones de una igualdad tendente a su asentamiento en el corazón de la sociedad. Una cosa es la lucha por la igualdad como meta de equilibrio en una sociedad moderna, igualdad que abarca desde los principios constitucionales hasta los principios de derecho, y otra cosa es hacer de la igualdad una cuestión de intereses políticos, o lo que es peor, de intereses electoralistas; esto último, estaría fuera de lo puramente serio, de lo puramente ético, de lo puramente pragmático e inteligente.
Si la igualdad en sus diferentes dimensiones sociales se circunscribe a aquellos factores tendentes a la desviación de atenciones o a la utilización de ellas para oportunismos puntuales como la cuota de presencia laboral, cuestión harto fácil de solucionar con sólo establecer la obligatoriedad de: a igual trabajo igual remuneración e iguales deberes y derechos; pues, como que no tiene peso especifico sostenible; ahora bien, desde el principio de equidad donde no caben distingos ni diferenciaciones, las interpretaciones de la igualdad en cada campo han de hacerse ajustándose a cada una de las dimensiones, es decir la igualdad en derechos circunscritos a las cuestiones de género para nada son equiparables a la igualdad en derechos laborales o de presencia social o política, pues aunque en su esencia la filosofía es idéntica, las aplicaciones y consideraciones van por derroteros bien diferentes.
Las políticas de igualdad, pues, ¿qué debe entenderse por políticas de igualdad?; porque, expresión tan genérica, no puede ser que aduzca a referencias cruzadas en los muy diferentes frentes sociales y no pueden aplicarse de forma generalizada cuando lo que se ve que más prima es la igualdad referida al género, al contra-machismo y al uso partidista de tal concepto, muy, muchas veces, infundado y utilizado para exagerar aquellas cuestiones que lejos de definición se escaquean en cúmulos de oportunismo electoralista, aprovechando aquellas aberraciones de tiempos pasados para ensombrecer de forma intencionada las diferencias entre ellos y ellas a estas alturas del siglo XXI.
Políticas de igualdad, dentro de las políticas sociales, dentro de las políticas de ideología, dentro de las políticas de confesión, dentro de las políticas de programa, dentro de las políticas del voto, ¿políticas sociales?, ¿políticas de igualdad?, o ¿simplemente políticas de cartel, de interés, de convencionalismos, de literatura y de disfraz?, ¿políticas de qué?...