18/11/11

Custodia compartida. 20N

Mucho tiene que cambiar el concepto y la concepción de igualdad en este país, España, para que dejando de considerar los intereses del menor, cínicamente, y dejándolos de considerar como intereses de calado menor en la realidad jurídica, política y social -vendiéndolos a la inversa para engordar el ego político y la inacción en materia de familia tan seria, delicada y transcendente-, insisto, mucho tiene que cambiar para que la realidad de esos intereses sean creíblemente verdad y no se juegue a la parafernalia del quedo-bien, desatendiendo, tediosamente, hipócritamente, la cruda realidad de la igualdad afectiva de padres e hijos en la amarga carrera de la custodia de estos tras la separación o ruptura afectivo-convivencial de los progenitores.
Hoy, desgraciadamente, los escarnecidos en el 99% de los casos son los progenitores varones. ¿Dónde la igualdad?
Asignatura de vital importancia, pendiente para el gobierno entrante tras el 20N.


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21/10/11

En el pensamiento de mucha gente de bien.

OPINIÓN. El Juez Serrano (por José Luis Manzanares)
FUENTE: http://www.republica.com 
http://www.republica.com/2011/10/20/el-juez-serrano_400193/
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09/10/11

Custodia Compartida entra en vigor en Aragón.

Ya está en vigor la Custodia Compartida en Aragón. Noticia de importancia extraordinaria, en el ámbito de tantos progenitores sometidos tras la disolución de la pareja, por el estático e inconcebible sistema monoparental-materno, a visitas en turnos para disfrutar de sus hijos y ejercer de padres. Esto, desde ya, en Aragón, ha cambiado el signo; y, esto, en todo el territorio nacional debiera cambiar también de signo. La fórmula es de racionalidad absoluta; el fondo, es de una ética hartamente incuestionable; y la forma, de una simplicidad exhaustiva. Los grandes beneficiados, los hijos -abandonados años y años al vaivén del interés, que no -sin exagerar- al limpio cobijo del cariño del progenitor agraciado por el sistema imperante en los pasillos del tortuoso camino de las separaciones.
Con la Custodia Compartida preferente, se abre un camino nuevo, a buen seguro protegido de las maldades y los egoismos interesados y malévolos -¿por qué no?- de progenitores (ellos y ellas), "oscuros" y cegados por la inquina y el rencor que suscita el traumático y escabroso tunel de las rupturas de pareja, que si además se arropa con aditamentos de beneficios hartamente discriminatorios según la condición de hombre o mujer por sistemas de igualdades manejadas desde la diferenciación de políticas partidistas, pues peor que peor. Así, pues, con la luz verde a la Custodia Compartida de los hijos tras la separación de los padres, se hace justicia en equidad de reparto en las atribuciones y derechos, para que los hijos en ningún momento se vean desvinculados afectivamente de sus padres, referntes de absoluta necesidad moral, educacional y afectiva

03/07/11

El gobierno sigue desairando la Custodia Compartida.

Un gobierno "progresista" que lejos de mirar un presente con futuro, ningunea con desaire, cuestión tan importante y humana, además de derecho inherente a las personas, como es el establecimiento por derecho y norma de la Custodia Compartida de los hijos tras los traumáticos procesos de separación de los progenitores.
Y claro está como no puede ser de otra en el hacer en tal materia de este gobierno "progresista", pues allá donde puede "entorpecer", actúa con laxitud apabullante dando muestras de lo muy poco que le interesa y le importa el equilibrio de la familia y la defensa de los derechos de los hijos en los procesos de separación de los padres.
Así, en La Comunidad Valenciana, el gobierno central, frena el derecho  de padres e hijos a disfrutar de la Custodia Compartida, cuestión que debería ser tomada y establecida desde el gobierno central para todos los españoles.
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10/03/11

Políticas de igualdad, ¿políticas de qué?

No se puede en igualdad mezclar churras y merinas, nada tiene que ver la igualdad en la filosofía de ley integral contra la violencia llamada de “género”, con la igualdad entorno a la cuota de la mujer en el sector empresarial, o en el mundo del trabajo; esta igualdad, no necesita ni preámbulos ni propagandas, ni imposiciones, ni techos de logro vistas al caudal electoral, es cuestión que debería estar solucionada, al igual que la otra, la de “género”; pero no deben ni mezclarse ni confundirse; es decir, el tratamiento en términos de igualdad social no pueden ni deben enmarcarse en el mismo cuadro igualdades referidas a equiparaciones absolutamente diferentes en fondo y en forma. Ni el hombre tiene que marcarse metas en luchar contra machismo, ni se puede ni debe magnificar el machismo entre igualdades de corte socio-laboral, con las oleadas de los parámetros de igualdad en términos mal-llamados de género y, por ende, en cuestiones de vinculación con episodios condenables y repudiables de violencia contra la mujer. Cualquier gesto de violencia -sin dramatismos exagerados-, crea rechazo contra el sector o grupo social que lo produce y consternación y compasión sobre el sector o grupo social que lo padece. Esto es así desde que la sociedad es sociedad, el mundo es mundo, la humanidad es humanidad y la civilización es civilización. La violencia es repugnante, aborrecible y condenable provenga de donde provenga, sin lugar a diferenciaciones ni por cuestiones de género, ni por ninguna otra condición social o personal; la violencia, es obvio, es la más baja manifestación de la racionalidad y la inteligencia humana. Pero dicho lo anterior, hacer un drama extremo llevando a límites de exceso el machismo del hombre, obviando, o, sin mencionar o haciéndolo ocasionalmente y en muy contadas ocasiones el machismo de la mujer, que también se produce, como que no es un proceder correcto dentro de las acotaciones de una igualdad tendente a su asentamiento en el corazón de la sociedad. Una cosa es la lucha por la igualdad como meta de equilibrio en una sociedad moderna, igualdad que abarca desde los principios constitucionales hasta los principios de derecho, y otra cosa es hacer de la igualdad una cuestión de intereses políticos, o lo que es peor, de intereses electoralistas; esto último, estaría fuera de lo puramente serio, de lo puramente ético, de lo puramente pragmático e inteligente.
Si la igualdad en sus diferentes dimensiones sociales se circunscribe a aquellos factores tendentes a la desviación de atenciones o a la utilización de ellas para oportunismos puntuales como la cuota de presencia laboral, cuestión harto fácil de solucionar con sólo establecer la obligatoriedad de: a igual trabajo igual remuneración e iguales deberes y derechos; pues, como que no tiene peso especifico sostenible; ahora bien, desde el principio de equidad donde no caben distingos ni diferenciaciones, las interpretaciones de la igualdad en cada campo han de hacerse ajustándose a cada una de las dimensiones, es decir la igualdad en derechos circunscritos a las cuestiones de género para nada son equiparables a la igualdad en derechos laborales o de presencia social o política, pues aunque en su esencia la filosofía es idéntica, las aplicaciones y consideraciones van por derroteros bien diferentes.
Las políticas de igualdad, pues, ¿qué debe entenderse por políticas de igualdad?; porque, expresión tan genérica, no puede ser que aduzca a referencias cruzadas en los muy diferentes frentes sociales y no pueden aplicarse de forma generalizada cuando lo que se ve que más prima es la igualdad referida al género, al contra-machismo y al uso partidista de tal concepto, muy, muchas veces, infundado y utilizado para exagerar aquellas cuestiones que lejos de definición se escaquean en cúmulos de oportunismo electoralista, aprovechando aquellas aberraciones de tiempos pasados para ensombrecer de forma intencionada las diferencias entre ellos y ellas a estas alturas del siglo XXI.
Políticas de igualdad, dentro de las políticas sociales, dentro de las políticas de ideología, dentro de las políticas de confesión, dentro de las políticas de programa, dentro de las políticas del voto, ¿políticas sociales?, ¿políticas de igualdad?, o ¿simplemente políticas de cartel, de interés, de convencionalismos, de literatura y de disfraz?, ¿políticas de qué?...

05/02/11

Sindrome de alienación parental.

Sindrome de alienación parental.
¿Quien se atreve, y con que ligereza, a afirmar que no se manipula a los hijos por alguno de los pogenitores, en los procesos de separación?, sólo pueden hacerlo personas que desconozcan la conflictividad de las separaciones o divorcios, o quien hable u opine de estas cuestiones desde un punto de vista y conocimiento meramente teórico, demagógico, o circunstancial. De no ser así, no cabe la afirmación categórica de que el SAP (Síndrome de alienación parental), o la manipulación de menores, o la influencia insana, o llamésele como se quiera, en los procesos de separación, no existe, o se dude de su existencia. Negar algo así es como negar la propia existencia de las personas. Nadie ignora y todo el mundo sabe, que en la ética personal y en la psique humana, hay un componente de amor-odio que domina la voluntad en situaciones en las que sintiéndose herida la persona, tira de él y lo utiliza de aquella manera que más hiere o más daña. Negar, esto, es negar, insisto, la existencia. Tales extremos y condicionantes son un caldo de cultivo, perfecto, para alimentar, el nada agradable enredo, dentro de la conflictividad de las separaciones. Y, si a ello se le añade el condicionante de intereses económicos -que priman por encima de lo puramente ético-, la mezcla explosiva está servida, ya que si, además, se cuenta con el beneplácito -a favor- de una legislación, para ella, que la erige en "progenitor absoluto", le adjudica la guarda y custodia (pasando del progenitor -padre-), y cuantos otros privilegios discriminatorios, lejos del compromiso de igualdad, incluso judiciales y penales, el manual de actuación para manipular con absoluta impunidad está servido. Por lo tanto, ¿cómo va interesar desde los componentes del "sistema" que exista el SAP?, es obvio.
Pero, que a los hijos se les manipula, y se les manipula de forma indecente por el progenitor más "rabioso", más insensato o, por qué no, más demoniaco, claro que si.